Hay muchas cosas que discutir internamente sobre nuestros futuros candidatos a presidencia, en sí la enorme cifra de 328 608 267 (trescientos veintiocho millones seiscientos ocho mil doscientos sesenta y siete) pesos, que se usarán para las campañas de propaganda electoral de este año deja mucho que decir; Cifra que podría darle a 1825 alumnos universitarios, una educación completamente pagada por 3 años como becarios, con una suma decente de hasta 5mil pesos al mes; en contraste con las becas universitarias que recibimos, de 750 pesos al mes. Que considerando la opinión del candidato Enrique Peña Nieto, es poco menos que el salario mínimo mensual ¿no? Pero bueno, esa enorme cantidad de dinero, sumada a los casi 300mil pesos que gana el presidente del IFE más los cientos de miles que se gastan en los pagos a los funcionarios también del IFE, sin mencionar al resto de la clase política, me hacen pensar en el gatopardismo de la vida política y en la oligopolilandia en la que México se ha convertido, como diría Denise Dresser; para después ponerme a cavilar sobre cómo voy a cumplir con mi obligación como ciudadano a la hora de las votaciones.
En un libro de texto sobre Estructura Socio-económica de México usado en el programa educativo del nivel medio-superior, dice que el IFE fue un órgano que durante muchos años ayudó en el proceso electoral de nuestro país. Quisiera remarcar que el verbo fue indica que la oración está en pasado. Por lo que podemos deducir que el mismo libro habla, de alguna manera, sobre las funciones actuales del IFE. No dice: “Es un órgano que ha ayudado” Ni tampoco “Es un órgano que Ayuda” si no que “Fue un órgano que ayudó”, ya no más.
En muchas ocasiones, en los últimos años se ha dudado sobre la veracidad y eficiencia del Instituto Federal Electoral, que ha sido tildado de corrupto, abusivo y de fácil distorsión. Un ejemplo fue el escándalo armado por el candidato a la presidencia Andrés Manuel Lopez Obrador, al reclamar una supuesta tergiversación de resultados en las votaciones; o el drama social de impotencia ante la revelación de los salarios de los funcionarios del IFE y los gastos de campaña. Todos conocemos también los métodos de compra de votos que se han usado en la historia, desde dinero, víveres, tortas, refrescos, amenazas, o la más común, promesas. Y también se sabe el uso del poder que dan todos los políticos una vez sentados en la silla presidencial.
Cansados del sistema y su disfuncionalidad, desde hace algunos sexenios se vino popularizando la tendencia del voto blanco, comenzando por intelectuales, rápidamente se fue promoviendo su uso en las elecciones de gobernadores, diputados, cenadores y el mismo presidente. El voto blanco consiste en la anulación del voto realizando las formalidades que cada país demanda para las elecciones gubernamentales, pero manifestando la opinión de que ninguna de las opciones presentadas satisface las necesidades de la ciudadanía.
El número de votantes que se informan con profundidad sobre los candidatos presentados siempre ha sido muy pequeño, pero en la última década, la ley de transparencia ha despertado la curiosidad de las mentes jóvenes interesadas en el progreso de nuestra tierra.
Dado que la representación de los ciudadanos ha dejado de ser la prioridad de los servidores públicos, que rendir cuentas no está en su vocabulario y que han enfocado el trabajo político a la Dolce vita que conlleva la sustracción parásita de bienes al estado a costa de impuestos innecesarios, algunos/muchos de los votantes dudan sobre por quién votar entre las pocas opciones, o si tendrá caso alguno el mismo hecho de votar.
Solamente el 4% de la población todavía confía en los partidos; naturalmente no se olvidan de la historia ni de las promesas incumplidas a lo largo de los años, ven algunos entre líneas y otros claramente el nefasto desempeño del estado, a pesar de los esfuerzos de control mediático que el mismo implementa con la censura informática y la baja calidad de la educación que ofrece. A pesar de los inspiradores discursos sobre avance, desarrollo, paz y educación que los gobernantes expresan con determinación, el pueblo se conforma con pensar que ya se ha acostumbrado al estancamiento y la pobreza, que México es un país trabajador y que así sobrepasará la clase obrera crisis sobre crisis.
“No hay reelección, pero sí hay trampolín. Saltan de la cámara de diputados al senado y de ahí a una presidencia municipal y de ahí de vuelta al congreso una y otra vez, sin haber rendido cuentas jamás, sin haber regresado a explicar lo que hicieron y por qué…” Denise Dresser.
Los políticos saben de la capacidad del pueblo de llevarlos al poder, pero también conocen su incapacidad de arrebatárselos o sancionarlos por alguna falta o disfunción; porque con la visión conformista popular de votar por el menos peor lo único que logramos es que se aplique la ley de Herodes (O te chingas o te jodes) una y otra vez, dejando las aspiraciones del líder máximo en el país cada vez más bajas, dándo la oportunidad a los futuros candidatos, de prometer los mismo cambios y descontar los mismos impuestos y generar los mismos empleos; pretendiendo poner parche sobre parche al ya de más remendado sistema que hemos venido reciclando año con año generando un lastre que nos sume en la cómoda incomodidad de la que gozamos.
El voto blanco niega el apoyar un sistema disfuncional cuyas actividades no ayudan al progreso, ni generan avance de ningún tipo; anular el voto sacude, presiona, protesta, rechaza y manifiesta la inconformidad del pueblo, con el propósito de reconfigurar una democracia altamente disfuncional. (Dresser, 2011)
“Si no votas, luego no exijas” es una famosa frase del instituto electoral para el fomento de la participación ciudadana. Es cierto que el votar es una obligación social, está en nuestra constitución y no hacerlo, nos niega el derecho a reclamar, ya que muestra la indiferencia ante la elección de un representante. Pero el voto blanco es algo superior a no votar. El voto blanco cumple el deber ciudadano al presentarse al centro de votaciones, buscar su nombre, entrar en la casilla y tachar, no un nombre sino toda la hoja, dedicar un lindo saludo a los que cuentan los votos, escribir un lindo mensaje de buenos días, hacer un dibujo o dedicar palabras sabias a quien lo necesita… Yo que sé. Votar por nadie pone a flote lo que hace falta a los candidatos, dice cuanto está inconforme el pueblo sobre las opciones que le presentan para posibles cambios. Demuestra a pocas palabras, que el pueblo ya no cree en el sistema; que más vale cambiar a profundidad que seguir poniendo parches a las rupturas.
“Ha llegado la hora de reconocer lo que no funciona y componerlo…” dice Dresser o Jose Antonio Crespo “Votar por el menos malo, equivale a comprar la fruta menos podrida (…), equivale a decir que México no puede aspirar a más…”
Votar en blanco es legal, es cumplir con tu deber, es mostrar tu insatisfacción, es manifestar la inconformidad con el sistema, la indignación; Indignarse, implica tener dignidad.