Mentes Alternas

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Haití, oscuridad aplazada.

HaitiHablemos de un país subyugado, martirizado, oprimido, olvidado, abandonado, desamparado, objeto de desprecio por parte de unos y admiración de otros; hablemos de un pueblo que se ganó su libertad luchando con pasión humana; hablemos de un país al que se le ha quitado todo y del que muchos tienen lástima equívoca, un país cuyo valor no es reconocido como tampoco fue reconocida su libertad en su momento. Hablemos de un país empobrecido.

Haití fue el primer país de las Américas en obtener su libertad, aboliendo la esclavitud en 1804. A pesar de que en los medios masivos de comunicación las principales enciclopedias y  la memoria de la gente, Inglaterra quedó como la primera en abolir la esclavitud, cuando en realidad lo hizo 3 años después de la revolución haitiana, farsa que de nada le sirvió, pues 25 años después tuvo que volver a proclamarla, debido a su completo incumplimiento a la libertad y la función descarada de la esclavitud bajo el yugo burgués inglés.

Es triste recordar lo cínico que era escuchar el término Peste haitiana en Brasil para referirse a los aires de libertad. Les era imposible concebir la rebelión de un esclavo, el tener que pagar por el trabajo no les parecía, preferían la doce vita obtenida a costa humana; les era fácil, no consideraban la piel oscura suficientemente humana, no por nada Brasil fue el último país en abolir la esclavitud en 1888. Colombia lo hizo en 1851 y Venezuela en 1854, después de los primeros infructuosos intentos. Siempre es difícil desprenderse de algo que brinda tanta riqueza y más aún cuando no hay sentimientos humanos como intermediarios, el racismo los opaca y sofoca:

“El azúcar sería demasiado caro si no trabajaran los esclavos en su producción. Dichos esclavos son negros desde los pies hasta la cabeza y tienen la nariz tan aplastada que es casi imposible tenerles lástima. Resulta impensable que Dios, que es un ser muy sabio, haya puesto un alma, y sobre todo un alma buena, en un cuerpo enteramente negro” –  Montesquieu.

“… Poseedores de una tendencia inherente a la vida salvaje y una incapacidad física de civilización” – Robert Lansing, secretario de estado E.U.A. 1934.

“Este es un pueblo inferior, incapaz de conservar la civilización que habían dejado los franceses” – William Philips.

El racismo es algo que nunca comprendí. Ese prejuicio inexistente en nuestra infancia, eso que mis padres no tuvieron si quiera que esmerarse en prohibirme o corregirme, porque por increíble que parezca, no hace falta. Es totalmente normal mirar a una persona de color de piel distinta con admiración, como alguien diferente, así como vemos ojos de colores claros o cabellos rojos. Lo anti natural es mirarlo con desagrado, ésa es una idea impuesta, algo que se enseña. El racismo se contagia con el ejemplo, igual que un mal vicio. A veces me pregunto qué tan buena es la educación en México que se nos enseña a respetar diferencias o al menos se procura hacerlo, queda en las familias el inculcar el respeto a profundidad.

Es incongruente que un ser humano no reconozca a otro de su misma especie por una simple diferencia de pigmentación en la piel, por un cambio evolutivo distinto al nuestro, llegar al punto de excusarse en un Dios para poder ir en contra de aquellos que son diferentes. O peor aún, eximirlos de la libertad y subyugarlos a una raza superior que se autonombró patrón y se concedió el favor de su propio Dios para aprovecharse de esta subespecie sólo útil para el enriquecimiento de la raza blanca. Es tan obvia la falsedad y tan descaradas las agresiones contra la vida humana, que no logro concebirlas, la ignorancia sin duda es el más terrible de los venenos.

 “…he comprendido al racismo como excusa y máscara usada históricamente para avanzar hacia formas perversas de opresión.” – Yarisma Unda, 2010.

Fue Napoleón III quien reinstauró la esclavitud, después de su supuesta abolición. Con una sola mirada hacia sus intereses económicos bastó para acabar con todas esas cursilerías de la igualdad. Un claro ejemplo de lo difícil que es construir algo tan delicado como la libertad, el respeto y la igualdad y cuán fácil es destruirlo y sustituirlo con jerarquías e imposiciones enajenadas dispuestas para la alienación de la sociedad. Siempre es más fácil ver como objeto a algo que estás dispuesto a usar hasta la muerte, algo fácil de explotar, fácil de controlar con los métodos desarrollados a lo largo de cientos de años de involución de la sensibilidad humana para imponer control con base en el miedo, induciendo la indefensión, creando seres humanos autómatas resignados a vivir como les ha sido impuesto y morir sin más.

Por más experiencia que el heroico cuerpo militar francés tuviera, compuesto por veteranos, los ejércitos independistas vencieron a los invasores y conquistaron su libertad para 1804.

Europa no podía dejarlo partir con las manos limpias, no fue sino con una deuda abismal a Francia, adquirida por el pecado de la libertad como diría Galeano. Haití tuvo que pagar durante un siglo y medio a sus antiguos patrones, mismos que lo llevaron a solicitar numerosos préstamos que para el final de la deuda, se convirtieron en sus cadenas al país capitalista numero 1: Estados Unidos.

En 1994 tienen a su primer presidente electo, Jean-Bertrand Aristide, quien es derrocado en un golpe de estado organizado por los EU, reinstaurado y derrocado por segunda vez en 2004.

El Banco mundial y el Fondo Monetario Internacional destruyeron la producción de arroz haitiano con sus prohibiciones, dejó a la mayoría de los agricultores como pordioseros. Estados Unidos es la fuente actual de arroz importado por Haití. Formando este circo perfecto guiando al inadvertido voluntario, inocente e inexperto, directo a la cámara de cuchillos, una cámara sin truco, una que sí es atravesada.

Como niño jugando con grandes, sólo que a los grandes les quitan las reglas y al pobre infante le suman prohibiciones.

Que mejor manera de granjear. Abolimos la esclavitud, pero te convertimos en dependiente absoluto; te damos la independencia, pero te cobramos la libertad.

En 1938 Finalizó el pago de la deuda y Francia lo reconoció como país independiente, nadie más lo hizo. Ni siquiera Bolívar con su deuda de honor a dicho país, se dignó a reconocer a su aliado en momentos de necesidad. E.U.A. tardó 60 años en reconocer diplomáticamente la independencia de Haití.

Charlemagne Péralte, jefe guerrillero durante la ocupación estadounidense fue crucificado y colgado en la puerta de una iglesia como imposición de temor después del desembarque de marines en 1915 para ocupar los puestos de gobierno y establecer control del sus bancos. Todo esto justificado con la excusa racista de su incapacidad de autogobierno.

Luego de la partida estadounidense en 1934, la dinastía Duvalier ocuparía el poder de Haití, donde los hermanos Duvalier impusieron la dictadura como arma contra la democracia y como seguimiento a la ya acostumbrada opresión. Es muy fácil seguir un camino ya trazado.

Haití solía ser una colonia próspera, desde su revolución el empobrecimiento impuesto ha consumido hasta donde llegan sus fronteras. El monocultivo de la caña de azúcar destruyó la fertilidad de sus tierras, el granjeo constante de los países dominantes lo aplastaron durante muchos años, y al llegar a su liberación no quedaba mucho que rescatar. Desafortunadamente las macro-empresas capitalistas no pensaban igual.

La multinacional Monsanto, productor de semillas transgénicas, hizo una generosa donación de 475 toneladas de sus semillas envenenadas al pueblo devastado de Haití, todo porque “está seguro de que la agricultura es el proceso de recuperación de dicho país”, diciendo entre dientes “Estamos seguros de que serán nuestros mejores clientes”. Problema directo para la fertilidad de la tierra haitiana, así como también para su ya muy deteriorado ecosistema. Dichas semillas han sido prohibidas en distintos países y ciudades como Lyon denuncian su perjudicial actividad destructora de la tierra. Dichas semillas dan un solo cultivo, cuya tierra sólo puede ser reutilizada con las mismas semillas y éstas, a su vez, sólo crecen con los fertilizantes y pesticidas de la misma Monsanto. Un negocio redondo, sin duda.

Comenta el buen Galeano que en sus visitas al empobrecido país, las beldades artísticas que encontró ahí, una sarta de esculturas anónimas hechas con basura. Donde un pueblo devastado por el veneno, decide convertirlo en medicina.

Existe este mecanismo maquiavélico y despiadado, egoísta e inhumano, que consta de una simplicidad casi irónica, el simple hecho de sembrar una idea, la idea venenosa de incapacidad, juzgando a la gente de inculta, salvaje, ignorante, incapaz de forjar algo perdurable, trascendente, algo de provecho; esa sola idea es capaz de arrasar sociedades enteras que decidieron rendirse, tragarse esa idea, asumir esa incapacidad.

Me causa un poco de gracia que en artículos internacionales reconocidos se hable del incansable apoyo estadounidense hacia Haití, sus intentos de reinstaurar un gobierno meramente democrático y menos corrupto, hablando de salvaguardar el delicado equilibrio de su situación, siendo que Estados Unidos ha sido uno de los más grandes verdugos de dicho país.

La ONU registró en Haití la mayor pérdida de vidas del cuerpo diplomático con el siniestro del 2010, cuando el cuartel general sepultó a sus líderes humanistas dejando sólo al cuerpo militar a cargo del programa de ayuda internacional para Haití, el Minustah, en manos de un país simbólico en la historia de la esclavitud…¡Brasil! El amante de la libertad que dejó el esclavismo hace poco tiempo. Algo irónico pero sin remedio, encargados de los cascos azules, ejercito de la ONU, para mantener el orden en el país. Curioso en verdad, mueren los diplomáticos y quedan los militares para conservar la paz, ¿No suena raro? Aunque por lo menos, los muy caritativos cascos azules permitieron que el presidente de haitiano, René Préval asumiera el gobierno de regreso; gobierno totalmente inestable dadas las condiciones del terreno.

Se pre ve que para la reconstrucción de Haití se necesitan 14mil millones de dólares, suma que será reunida por los países amigos de Haití, grupo al que México pertenece y donde se codean Estados Unidos, Francia y Brasil. La autonomía del país se ve amenazada indirectamente por la fragilidad de su situación política, a pesar de que la ONU y los diferentes órganos internacionales y países que lo apoyan, siguen reconociendo su autonomía, es demasiado mencionado el tema que refiere a mantener el gobierno haitiano a la cabeza de los procedimientos de reconstrucción. Se acusa entre la gente al gobierno haitiano, y en especial al presidente Préval de una constante invisibilidad, por lo que los órganos internacionales se esmeran en respaldar su gobierno, temiendo que las voces del pueblo se unan y causen más desastres. ¿Qué es lo que temerán?

La actuación de la Minustah figurará un papel importante en los próximos meses que sigan al siniestro, que son la meta de retorno a la situación anterior que Haití poseía. Sinceramente, una reverenda idiotez. ¿Se pretende transformar a un país meramente miserable y empobrecido en uno solamente pobre? Menos pior, como diríamos en México. “Una posible oportunidad de negocios” menciona Johanna Mendelson vagamente en su artículo “¿Reconstruir mejor?”

Estados Unidos ve este desastre como una oportunidad para demostrar su participación ciudadana en el exterior, sin mencionar su enorme interés en abrir la inversión extranjera en los rubros de electricidad, agua y puertos que hasta ahora pertenecen al gobierno, argumentando que un mayor flujo de dinero ayudará a la reconstrucción de la economía haitiana y lo llevará de la mano hacia la reconstrucción, sin duda, abrir el mercado de un país tan chico como Haití para la experiencia de E.U. suena a la mejor idea del mundo… jajaja a quién quieren engañar.

La ayuda debe ser prestada con desinterés, si se pretende ayudar a un país como Haití, debemos comenzar por respetar su autonomía, ayudarlo a recuperarse y volverlo un estado autóctono que pueda suplir sus necesidades y comenzar en baja escala con el comercio internacional, es muy importante recuperar el estado agrícola natural de la tierra haitiana, considerando que importa el 80% de sus consumos, abrir oportunidades de comercio en pequeña escala con países de su competencia sería la manera correcta de apoyar a dicho país empobrecido y con tantas posibilidades de convertirse en la isla esclava dependiente de nuestro siglo.

La inversión extranjera no es una mala idea mientras sea regulada por el gobierno, un gobierno basado en la democracia y sin influencias externas. Retirar las tropas estadounidenses que más que seguridad demuestran autoridad impuesta, fomentar la educación en gran escala y brincar desde el infierno que poseen hasta un estado más humano y consciente, para nada volver a lo que eran antes; los olvidados, los aislados, los desgraciados haitianos. Mirar su cultura como lo que es, un pueblo que supo reconocer su dignidad, reconocerse como parte de la humanidad y mirar horizontalmente, aquellos que transforman la basura en arte, el veneno en medicina, también son capaces de transformar su realidad en un ejemplo de progreso. Pero para esto se necesita la cooperación internacional desinteresada; ¿Difícil no?


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